Siempre me ha llamado la atención la prepotencia característica del venezolano incapaz de ceder ante las opiniones ajenas, incluso cuando éstas se encuentran respaldadas.

En ocasiones asimilan que el contrario tiene la razón, pero no importa dado que la terquedad y soberbia le impide reconocer su error. Justo ahí se encuentra el origen del fanatismo, uno de los problemas más graves que enfrenta la República. Las divisiones políticas que manifiesta cualquier nación exhiben sinergia con aquellas económicas, sociales y culturales. El resultado neto es un individuo guiado por las emociones y no por las razones, siempre respondiendo al llamado de falsos mesías.

El mejor ejemplo de lo descrito es un individuo chavista. Ante el esperpento cuarto republicano que causó malestar en la sociedad, el venezolano en 1998 acudió a un pomposo y elocuente sujeto únicamente guiado por emociones y sin razonar sobre cuáles serían exactamente los planes de este individuo.

Me recuerda mucho a las elecciones presidenciales del 2012 donde las personas votaron por Capriles sin preguntarse si su tendencia es liberal o conservadora, de izquierda o de derecha. Ninguno se preguntó sobre sus planes de gobierno en temas como la educación, salud, infraestructura, relaciones internacionales, producción nacional, viviendas, entre otros. El voto hacia el flaco no atendió a la razón sino a las emociones; el odio hacia el adefesio candidato oficialista impulsaba el voto castigo. Ese mismo odio que impulsó al país en 1998 y condujo a esta debacle. Las emociones encienden la llama del fanatismo y aplacan al razonamiento.

Comentaba el humorista Er Conde del Guácharo en tono despectivo la sorpresiva habilidad de los chavistas de defender su posición política: si hay escasez de alimentos te dicen que es porque hay ‘‘rial’’ y la gente compra mucho y si no se encuentra papel higiénico es porque en efecto al comer más veces pues más veces vas al baño. La burla del comediante no se aleja de la realidad. Curiosamente, los seguidores de la MUD están comenzando a incorporar las mismas actitudes que uno evidencia en aquellos seguidores del sector oficialista. Por consiguiente, en Venezuela nace el fenómeno denominado ‘‘chavismo azul’’.

Ambos seguidores buscan desesperadamente un líder mesiánico. Los chavistas azules ven candidatos presidenciales en todas partes. Cualquier persona que diga tres o cuatro frases contundentes contra el gobierno ya debe ser considerado como líder del movimiento y potencial Presidente de la República. Nadie pregunta sobre las propuestas, nadie quiere saber sobre los planes para la nación, cuál es la ideología, cualquier cosa relevante…solo importa que él le dijo burro a Maduro. Comienza a surgir progresivamente un fanatismo hacia Leopoldo López similar al que tuvo Hugo Chávez, el cual se acentúa tras su aprisionamiento.

Carteles y camisas con el rostro de LL comienzan a recordarme a las conductas fanáticas de ciertos individuos rojo rojitos. La única razón por la cual Leopoldo decidió entregarse en el 2014 en lugar de resistir o conspirar fuera del país es porque sabía que aquella prisión era su ticket de entrada a Miraflores: aparentemente los venezolanos tenemos una debilidad por los presos. Pueden decirme que Leopoldo está mejor preparado académicamente a diferencia de aquellos que nos gobiernan, de eso no tengo la menor duda pero me pregunto ¿Para qué un título de Economía si eres socialista? Es como escuchar a un científico comentar que existen más de dos géneros, mandando al carajo la biología humana.

Ambos seguidores son internacionalistas. Mientras los rojitos hacen la vista gorda ante la infiltración cubana en todas las instituciones del país, los azules añoran una invasión norteamericana. Unos le ‘‘jalan bola’’ a China y Rusia y otros hacen lo propio con USA. Nadie piensa en buscar soluciones venezolanas a los problemas venezolanos.

El nacionalismo prácticamente extinto se ve reemplazado con un falso chovinismo. Ambos seguidores pregonan lo orgullosos que se sienten de ser venezolanos: te mencionan innumerables veces a las mujeres más hermosas del Mundo, el Salto Ángel, las playas más bellas, Nicole Kidman se comió una arepa y ‘‘zomo la jente maj chiebere’’.

En el exterior, a colocarse la gorra tricolor y caminar con la bandera nacional a todas partes porque aparentemente manifiestan un déficit de atención. El falso patriotismo se hace opaco e irrelevante porque ambos desean en secreto que Venezuela esté controlada por una potencia extranjera. Ambos seguidores aceptarían la renuncia de su nacionalidad si ésta los ayudara a escalar posiciones, desechando todo aquel discurso patriótico hacia su nación.

Ambos seguidores se muestran reacios a las críticas. Conversar con un chavista rojo o azul es tan útil como hablar con una pared. No existe espacio para la crítica con estos individuos. Para ellos las decisiones/acciones de sus ‘‘líderes’’ o voceros son correctas sí o sí. La crítica constructiva hacia cualquier aspecto del movimiento rojo deriva en una serie de descalificaciones tales como apátrida, sifrinito, pitiyankee, infiltrado de la CIA, traidor, entre otros. Lo propio hace el chavista azul, atrévete a realizar una crítica sobre cualquier tópico de la organización que sigue ciegamente para recibir el pata en el suelo, chavista enclosetado, infiltrado del G2 cubano, tierruo, etc.

Enfocándonos en la nueva especie de la fauna venezolana, el chavista azul hace gala de la soberbia de aquel que se cree dueño absoluto de la verdad, idéntico a su colega rojo.

Si criticas algo te responden ¿qué haces tú por el país? Pues yo como civil cumplo las leyes y respeto la convivencia ciudadana ¿Tengo los recursos monetarios o mediáticos para que me compares con las élites partidistas? ¿No puedo exigir resultados concretos a aquellos a los que deposité mi confianza al darles mi voto? Al menos deberían desarrollar un plan de nación donde le hablen claro y directo al país que harían en los diferentes ámbitos de la vida nacional si llegaran a ser electos; en su lugar, tenemos un conglomerado de cobardes incapaces de decirle al país exactamente qué harán con él o de aclarar que no pertenecen al espectro ideológico de la derecha y aman al socialismo también.

Los chavistas azules también comentan ‘‘no restes ni dividas’’: si de restar hablamos, recordemos cuando se pasaron por los huevos los más de 40 muertos que hubo en el 2014 al asistir a un diálogo inocuo en cadena nacional, legitimando al tirano y oxigenando su estadía en el poder.

No olvidemos el clásico ‘‘eres un guerrero del teclado’’. Aparentemente, no recuerdan que llevan casi 20 años siguiendo a los guerreros del micrófono, un conjunto de demagogos que reavivan emociones con palabras contundentes y acciones inofensivas. Mención aparte para aquellos que comentan ‘‘primero salimos de éstos y luego vemos que hacemos con los otros’’: es decir, para ellos Venezuela es un experimento y la metodología es el ensayo y error, pasemos de un loco a otro hasta conseguir al adecuado. No razonemos antes de elegirlos, lloremos después de haberlo hecho…esa ha sido la historia de los venezolanos en más de medio siglo. En adición, se encuentran aquellas subespecies que llaman ignorantes a los rojos pero siguen creyendo que la MUD es de derecha.

Los MUDistas se han enfrentado al enemigo por tanto tiempo que terminaron convirtiéndose en él. Los MUDistas son los nuevos chabestias.

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