A diferencia de mis paisanos y de todo aquel que sienta cierto afecto a este país, yo no lo veo como muchos lo pintan.

“Venezuela es el mejor país de mundo, las mejores mujeres, las mejores playas, los mejores equipos, somos buenos en esto y en aquello, mira aquí, mira allá”, generalmente mi niñez y juventud estuvieron al paralelo de éstas palabras, si no venían de mis padres lo hacían de mis amigos, y si no era así siempre estaba un televisor encendido con un Teniente Coronel vestido con una banda tricolor; éste ser querido por ninguno y odiado por todos, eternamente recordaba lo bello de éste país, y especialmente lo que él hacía para que “mejorara”: no hay servicios buenos, no importa dejemos que sean casi gratis, la comida empieza a escasear y la producción desciende, no importa vamos a expropiar, el sentimiento por crecer y mejorar muere, no importa vamos a darle “todo” a “todos” para que todos sean unos inútiles.

Al igual que muchas personas hoy en día no encuentro forma de expresar mis pensamientos sin que salga algún mono bien pagado en televisión diciendo que soy un apátrida en contra de la Revolución –endógena–, así que prefiero expresarme por un medio que todos tenemos y a veces tan poco usamos: La bella y muy querida internet.

La Venezuela que conocieron aquellos hombres que por lo menos me deben llevar 5 o 6 años de diferencia murió hace tiempo, ya no es válida aquella frase que a mis abuelos les escucho mencionar de vez en cuando: “El paraíso de América”. Pero no creamos que todo esto tenga culpa de lo que vivimos hoy en día por un grupo muy pequeño de políticos de izquierda y por una amplia –aunque muy inútil– oposición. Éste país cayó en las ruinas en el momento en que preferimos la destrucción ajena que el bien grupal, ¿a qué me refiero? Si tú eres venezolano o tienes contacto con alguno sabes de antemano que ésta sociedad atiende el bien personal por encima del resto. Sé que habré sonado un poco raro, pero quisiera ponerte un ejemplo querido lector, y espero que así entre los dos lleguemos a un punto de vista parecido.

Teniendo en cuenta la situación del país, decides a hacer cola para comprar pan –dos canillas como máximo– y enfrente tuyo: jóvenes, señores, señores mayores, niños y hasta perros se proponen a cerrar una calle, la cierran con ramas y con todo lo que encuentren, aparcan un auto y lo dejan de tal forma para que ningún otro carro pueda pasar por la vía. Paralelamente a esto, los dueños de la panadería por seguridad del establecimiento y por el de sus empleados dicen que no venderán pan hasta que esos actos hayan terminado, la muchedumbre empieza a gritar “FUERA GUARIMBEROS” o “POR SU CULPA NO COMPRAREMOS PAN”, y empiezan a destruir todo lo que las otras personas hicieron y así obtener sus hermosas canillas “a precio justo”.

¿Es justo? ¿Tu ayudarías a la muchedumbre para poder comprar un pedazo de pan o en cambio estarías con aquellos que prefieren expresar sus derechos? Si tu respuesta es que prefieres el pan, entonces déjame decirte que no vamos a congeniar jamás. Si no es posible ayudar a las personas que intentan hacer un cambio –aunque puedan terminar mal y generalmente sea improductivo– para que tú puedas tener un futuro “mejor”, entonces, tú eres parte del problema y tú eres el que termina de llevar este país a la miseria.

Lo más raro de todo esto es que yo viví ese ejemplo hoy en carne propia. Gracias a esos actos que fueron acompañados por la impotencia y la rabia, me llevaron a hacer algo que poco concibo, escribir. Es increíble que los que piden un cambio vuelvan a sus raíces originales cuando ya no hay una canilla, increíble ¿verdad?

No soporto oír decir que este es el mejor país del mundo pero con gente mala, no, no es así. Venezuela es igual al resto de los doscientos y tantos países del mundo, quizás con algunos recursos que le dan más, o menos posibilidades que otros, pero lo que llamamos país es aquello que lo concibe, en éste caso: plantas, tierra, animales, humanos, entre otros. Creo que si quieren vender la idea de que éste es el mejor país del mundo (“el paraíso llevado a Latinoamérica”) deberían al menos saber que ellos son parte del país, y si ellos son una mierda entonces este país también es una mierda.

Quizás generalice un poco, pero es indudable que éste país ésta abajo y seguirá así un rato más; mis respetos a quienes preferirían ayudar a la causa por encima del pan, o al menos ayudar a la causa y cuando terminen, comprar el pan –esa también es otra opción–. Venezuela necesita más personas capaces de entender, si no, se convertirá en lo que tanto criticamos hace muchos años…

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